LA INTUICIÓN DE UNA MADRE Y UN PADRE.

Nuevo post de nuestra colaboradora Estefania Villanueva donde muestra su día a día a la hora de ejercer su profesión .

Me gustaría explicar en este post que, en muchas ocasiones, dejamos a un lado las opiniones, reflexiones y afirmaciones que una madre o padre informad@ y formad@ puede llevar a consulta cuando te visita por primera o segunda vez.

Tanto en Medicina como en Psicología, la persona que viene pedir ayuda y asesoramiento sobre el malestar físico o emocional será dada de alta o terminará su tratamiento farmacológico o terapéutico cuando el motivo de consulta desaparezca.

Parece muy fácil identificar el motivo de consulta en cada una de las visitas que vienen a realizar nuevas personas, pero no siempre es así.

En muchísimas ocasiones las respuestas son: “estoy mal, no sé qué hacer con mi vida”; “estoy jodido” o, en el caso de los niños “a mi hijo le pasa algo y no se lo qué es”.

Centrándonos en la infancia, cuando estas definiciones hacia el malestar o cambio de comportamiento del niñ@ se hacen de manera general y difusa, aunque parezca contradictorio, es más fácil para el profesional investigar el origen y dar con la “tecla” de lo que realmente sucede.

La objetividad prima sobre las entrevistas y posibles pruebas diagnósticas psicométricas que se requieren para averiguar qué ocurre y hace que se siga con rigor exhaustivo todo el proceso de evaluación e intervención terapéutica.

Cuando ya existe un diagnostico anterior y/o informes que se contradicen entre sí, la labor del/la psicólogo/a -en este caso- se hace harto difícil para saber qué es lo que conlleva a que esa familia esté en tu consulta pidiendo ayuda. Discriminar el  qué es lo que ocurre ahora y porqué anteriores intervenciones o diagnósticos no han servido en estos casos es, para mí, un trabajo mucho más complicado y que exige aún más laboriosidad tanto en la objetividad  como en la investigación.

Pero, ¿por qué centramos la atención tanto en las pruebas  y entrevistas  iniciales o en las que ya están escritas de antemano?

Siempre me pregunto a mí misma cuando veo a una familia o persona ¿cómo me gustaría que me trataran a mí?

La cosa se simplifica mucho. Se puede resumir en tres palabras: comprensión, cariño y sin prejuicios.

Pues bien, cuando comienzas una consulta y tienes a tu lado a la persona que confía en ti plenamente, que va en busca de soluciones, de ayuda, de necesidad de saber y preguntas qué le llevan a estar frente a ti y que le preocupan de su hij@, hay que estar bien atento en ese momento. Es ahí donde la intuición de una madre o padre deja frases como: “me han dicho que mi hijo es despistado y está desmotivado, pero sé que le pasa algo”; “en clase no atiende y la pediatra considera que debe ir a atención temprana”; etc.

En esos momentos, es cuando lejos de profesionalizar lo que le pasa a ese niño, hay que atender plenamente sin perder detalle de cómo lo dicen esos padres, cómo lo expresan, escuchando activamente con los 5 sentidos, sin atender a otra cosa que no sea la explicación del motivo de consulta.

En esos momentos hay que preguntar a los padres: pero, ¿Por qué estáis aquí?, ¿Qué opinas tú? ¿Crees que está en lo cierto esto que pone aquí?.

Nosotros, los psicólogos (aunque también incluiría a otros profesionales del mundo sanitario), no somos dioses. Cuando se le explica a una madre y padre que no tienes ni una bola de cristal ni una varita mágica para saber y averiguar de manera casi milagrosa qué es lo que ocurre y qué va a pasar y que el error humano forma parte de tu trabajo y que necesitas que su instinto materno y paterno sean tu guía y feedback continuo, no sólo se establece una relación de confianza sino que la intuición de los progenitores acerca de qué le ocurre a su hijo florece, expresando sus inquietudes y hábitos sin temor al “qué dirá si le cuento esto”.

Es este punto donde detalles que parecen sin importancia que antes no tenían cabida, puede que se conviertan en verdaderos síntomas diferenciadores de un buen criterio diagnóstico.

Por eso, nunca se ha de subestimar el olfato de unos padres y dejar a un lado las opiniones de ellos aunque no sean expertos en el tema por el que te consultan.

Y esto lo aprendía hace años cuando conocí a un pediatra que me hizo una muy buena reflexión que a día de hoy aplico sí o sí en todas mis consultas con menores: “la intuición de una madre o padre pocas veces falla, escucha todo con oídos nuevos, no pierdas jamás el más mínimo detalle”.

Y así es.

Muchos sanitarios se quejan de que sus pacientes leen demasiado, de que sus pacientes llegan informados a consulta y esto hace que se complique su labor a la hora de explicar por qué sí o por qué no.

Sin embargo, considero que los casos en los que los padres investigan, leen y se preocupan por los comportamientos y conductas o hábitos de su hij@ antes de visitar a un profesional, facilitan mucho la labor de éste si se mantiene atento y deja que la intuición parental salga con naturalidad y sin miedo a ser juzgados.

La escucha activa sin prejuicios ha de ser el pilar de toda entrevista. Para ello hay que hacer preguntas como: ¿estás de acuerdo conmigo? ¿Crees que esto que digo puede ser lo que le ocurre a tu hijo? ¿Consideras que lleva razón esa profesora o que el diagnóstico que te dieron en el colegio es el correcto?

Mi pregunta es ¿por qué hemos de cesar la investigación  y correr en diagnosticar si los padres no están convencidos de que realmente estas en lo cierto? Quizás su hij@ no tenga nada, quizás sí.

Estos son algunos ejemplos de la perseverancia de padres y madres que expresaron sus inquietudes y fueron relegadas por etiquetas.

 

  • Altas capacidades diagnosticadas por error de falta de motivación y déficit atencional.
  • Niño con problemas auditivos que cumplía diagnóstico de TEA en atención temprana.
  • Niña con diagnóstico de normalidad en todos los parámetros con sordera auditiva por afectación neurológica.

Estos son algunos ejemplos de padres que no se cansaron de seguir su intuición parental.

Desde aquí agradezco a todos aquellos padres que expresaron su intuición e incluso se atrevieron a ponerle la etiqueta correcta. Gracias a vosotros vuestros hij@s están atendidos de manera correcta.